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El hombre jamás percibe la realidad completamente, su mundo sensorial es tan limitado como su mundo perceptivo. Nuestro intelecto puede intuir la existencia de lo incorpóreo o espiritual, puede ver entre tinieblas con los ojos de la intuición, de la razón y de la voluntad del que ve, y primordialmente de quien es visto o mejor aun, desea ser visto. La materia no existe, existe lo que subyace, o sea la sustancia o esencia de las cosas. Los ángeles están formados por una sustancia intermedia entre el hombre y Dios. Si Dios es pensamiento de pensamiento, el ángel es pensamiento de Dios y de sí.