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La baraja está compuesta por 52 cartas, con diferentes imágenes, que forman grupos que se identifican por los colores de los marcos que recuerdan un papel rasgado y arrugado, porque así se nos aparecen los sueños al despertar, como fragmentos de color o teselas con las que de debe recomponer un mosáico. En total son seis grupos de caratas, con marcos de seis colores diferentes. Cuarenta y cinco cartas representan los temas oníricos comunes, los símbolos arquetípicos con los que todos, en un momento u otro, entramos en contacto. A estas se añaden siete comodines dedicados a los grandes psicólogos protagonistas de la historia del sueño y dos de abertura y cierre de la baraja: La Luna y el Sol.