Hayy Sidi Said Ben Ayiba al-Andalusi tras la puerta dorada: el conocimiento de las siete luces en la
Hayy Sidi Said Ben Ayiba al-Andalusi tras la puerta dorada: el conocimiento de las siete luces en la
- EAN: 9788486961282
- ISBN: 9788486961282
- Editorial: Mandala Ediciones, S.A.
- Año de la edición: 1753
- Encuadernación: Rústica
- Medidas: 140 X 210 mm.
- Páginas: 440
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Disponible 48/72 horas
Descripción
El conocimiento de la Siete Luce en la Tradición de los Sufis.
Occidente busca en el Conocimiento ancestral de los pueblos, y una parte del Conocimiento, nada fácil de encontrar en la actualidad, se contiene en el concepto de Islam original que, en tiempos no tan lejanos, iluminó el mundo desde nuestras tierras de Al Andalus.
Aquél concepto luminoso y basto de la promulgación Muhammadiana ha sido, en nuestras tierras, denostado o soslayado en el transcurso de los últimos siglos por la enseñanza oficial. Pero la sabiduría no se puede extinguir por medio de la violencia y de la desinformación malintencionada, siempre queda algún reducto, algún antiguo documento "olvidado", algún discreto personaje que, heredero de la Antigua Tradición, se halle en disposición de volcar su caudal de conocimiento sobre la vasija capaz de recibirlo. Solo hay que buscar sin dejarse abatir por las dificultades, que no son pocas.
Durante el transcurso de las últimas décadas, muchas personas, decepcionadas de la religión dominante en su entorno cultural, fueron a buscar la Sabiduría, el acercamiento a la comprensión de La Divinidad, al lejano Oriente. Ciertamente, allí, como en tantos otros lugares también se encuentra.
Lo que la inmensa mayoría de estas personas no llegaron a saber es que, en nuestra tierra, y muy cercano a ellos, también se hallaba el Tesoro escondido. En Al Andalus se gestó y desarrolló un Conocimiento, hoy todavía vivo, que durante siglos iluminó el mundo; La Tradición Sufi.
Una de las mayores dificultades, para hallar esta Sabiduría, la encontraremos, precisamente, donde no parecería que debiera de hallarse; en la cuadriculatura deforme y petrificada con la que, con frecuencia, se nos presenta el acontecimiento religioso, sea cristiano, judío, budista o musulmán, etc. Por esta razón lo frecuente es que, puestos a buscar entre los restos de nuestra cultura andalusí, sólo encontramos ese Islam de laboratorio fabricado en las facultades de Filología Árabe que transforman el Islam de la promulgación en algo vulgar y sin fuerza, en una especie de cristianismo arabófono y bárbaro que asusta y confunde.
Nuestro hermano Sa‘îd, no conforme con beber en los charcos del camino, fue a por el Manantial donde quiera que se encontrase, hace aproximadamente treinta años, a buscar lo que sólo Él puede dar. Pero no fue una labor ni rápida ni fácil, hubo que sortear muchos obstáculos, discernir entre muchos fraudes y mantener firme la esperanza.
Después de senderear por diversas rutas, y no sin antes vencer grandes dificultades, encontró un tesoro escondido; el Islam que aún sabe a agua pura, que sabe a fluir de agua, el que guarda en su más recóndito secreto la perla oculta del Sufismo. Pues aunque la apariencia de la vulgaridad cotidiana, en una gran parte de "el mundo musulmán", indique otra realidad opuesta, en cambio el concepto de Islam original es fluir con la vida.
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Shakespeare y Calderón en clave sufí
El dramaturgo inglés William Shakespeare fue un gran dramaturgo, quizá el mayor, y como tal puede considerársele también como uno de los grandes maestros espirituales de la humanidad.
Su mismo nombre es profundamente significativo desde la perspectiva sufí, ya que el nombre ‘Shakespeare’, como ya han señalado algunas autoridades en el sufismo, puede dividirse en dos términos que aluden a la figura del maestro sufí: Šay? (maestro) por una parte, y P?r (maestro fundador de unatar?qa o vía sufí) por otra. Sin embargo, la intención del presente libro no es demostrar que Shakespeare era sufí, sino hacer una lectura en clave sufí de la obra shakesperiana, poniendo de relieve los principios universales comunes. A un nivel simbólico y según la perspectiva de la Unidad del Ser propia del sufismo, el teatro es una alegoría del proceso de manifestación o auto revelación divina. Es a través de la multiplicidad y la dualidad presentes en el mundo, a través del otro, mediante la diferencia y la oposición aparente, que las cosas llegan a ser lo que son; lo bueno y lo justo brillan con más intensidad cuando se ven contrastados con sus contrarios, la maldad y la injusticia. El teatro es un reflejo de este juego de opuestos.
En estas páginas se analizan algunos pasajes de la obra shakesperiana y también del dramaturgo madrileño Calderón de la Barca, y se ponen en relación con los principios del sufismo, aportando textos de sufíes como R?m? o el maestro sufí andalusí Ibn ?Arab?. Se propone así el método del sufismo como vía iniciática para la realización espiritual de los principios espirituales comunes a todos estos maestros del corazón.
dto.
El núcleo del núcleo
Uno de los temas concretos que Ibn Arabi quiere explicar en su Futûhât-al-Makkiyah es éste: "Si un gnóstico (ârif) lo es realmente, no puede permanecer atado a ninguna forma de creencia". Eso quiere decir que, si alguien que ha adquirido conocimientos llega a conocer el Ser que hay en su propia persona con todos sus significados, no se quedará atrapado en una creencia. No reducirá su círculo de conocimientos. Es como una materia prima (hayûla) y acepatará cualquier forma que se le dé. Al ser externas estas formas, no se produce ningún cambio en el núcleo de su universo interior.
dto.
Ibn Arabi : El maestro sublime
Vivificador de la Religión, el más grande de los maestros, heredero de Mahoma, muchos fueron los nombres con los que se ha señalado a Muhi al-Din Muhammad b. Ali b. Muhammad al-Arabi al-Tai al-Hatimi, pero hoy día el más extendido es, sin duda, Ibn Arabi, reconocido místico sufí nacido en Murcia en la segunda mitad del siglo XII, en pleno apogeo de la cultura árabe, cuyo pensamiento ideológico se expande por las distintas ramificaciones del saber, en tanto poeta, filósofo, orador y visionario, entre sus muchas habilidades contemplativas, que beben de su firme creencia en Al-ha como unidad suprema y símbolo de amor puro. Toda su biografía y su experiencia parecen construirse sobre ese axioma, que emerge de una mirada lúcida y profunda hacia el Corán, y cada uno de sus escritos, de sus viajes, de sus experiencias, le permitieron ver la multitud de facetas y las variadas transformaciones de toda posible práctica vital que, en su caso, era a la vez experiencia espiritual desde la que aspira a abrazar la perfección religiosa de la mano de la Verdad, llevándole así a comprender los misterios del Ser, para después compartirlos con los fieles seguidores de Al-ha, alcanzando una dimensión cultural y religiosa inabarcable en el mundo islámico que trasciende hasta la actualidad, desde donde contemplamos el recuerdo de su obra a los pies de la mezquita damascena construida en su honor en el siglo XVI, hoy centro de peregrinación.
dto.
