La doctrina secreta
La doctrina secreta
- EAN: 9788478080151
- ISBN: 9788478080151
- Editorial: Editorial Sirio, S.A.
- Año de la edición: 1753
- Encuadernación:
- Medidas: 0 X 0 mm.
- Páginas: 0
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Descripción
La doctrina secreta (6 tomos)
Otros libros de Teosofía
Viajes Iniciáticos de H.P Blavaky
Los Viajes de Helena Petrovna Blavatsky, la fundadora de la Sociedad Teosófica junto con Henry Olcott, William Judge y otros, se pueden considerar un Gran Viaje Iniciático. Se enmarcan en aquellos que han realizado todos los maestros de sabiduría, como el que realizó al Oriente, según la Tradición, Christian Rosenkreutz, trayendo a Occidente allá por el siglo XV una nueva versión de la Sabiduría Atemporal, que se plasmó en la «Fraternidad de la Rosa Cruz»; o Apolonio de Tyana, que viajó por Persia, Egipto y la India; y como no recordar a Pitágoras o el mismo Platón, instruyéndose en los templos Egipcios.
Un Viaje Iniciático es, resumiéndolo a su esencia, un Proceso Alquímico, por el cual el hombre puede transmutarse, descubrirse interiormente, perfeccionarse. Implica el desplazamiento, el viaje, con todo el contenido simbólico de esa acción (recordemos a Odiseo y su vuelta a Ítaca, el Viaje de los Argonautas o los Trabajos de Hércules), y el encuentro con personas y lugares «mágicos» que aportan o ayudan a conseguir el Conocimiento.
Es un viaje que va del Exterior al Interior y viceversa. En este libro tratamos de desentrañar la tupida madeja de los viajes de una mujer que dio tres veces la vuelta al mundo, visitando tanto Oriente como Occidente, los lugares civilizados de su época y las misteriosas selvas e inhóspitos desiertos de lugares tan distantes como América el Sur o la Mongolia, sin olvidar sus intentos de entrar en el mítico y misterioso Tíbet.
dto.
Sirviendo a la humanidad
Contiene vitales instrucciones para aquellos que reconocen que el servicio a la humanidad es urgente y el paso inicial, necesario e inevitable, hacia la construcción de un mundo mejor. La fórmula es sencilla: meditación, estudio y servicio. En ese orden, todo es posible.
Como indica El Tibetano: "el verdadero servicio es la emanación espontánea de un corazón amoroso y de una mente inteligente, el resultado de hallarse en el lugar correspondiente y permanecer en él; el producto de la inevitable afluencia de la fuerza espiritual y no de la intensa actividad en el plano físico, es el efecto del hombre cuando expresa lo que en realidad es, un divino Hijo de Dios, y no el efecto estudiado de sus palabras o actos".
“Gran parte de la enseñanza dada es nueva en su forma, y otra lo es de hecho. Pero hay algo que surge con claridad, y es que las antiguas reglas a las que fueron sometidos los discípulos en el trascurso de los siglos, son aún válidas, pero susceptibles de nuevas y con frecuencia, distintas interpretaciones. El entrenamiento que se dará en la próxima nueva era, estará de acuerdo con el desarrollo más avanzado de la época. Siglo tras siglo el progreso evolutivo presenta una constante madurez y un continuo desarrollo de la mente humana, sobre la cual el Maestro puede trabajar. En consecuencia, las normas del discipulado son cada vez más elevadas. Esto exige en sí, un nuevo acercamiento, una más amplia presentación de la verdad y una mayor libertad de acción del discípulo. El elemento tiempo también es distinto. Antiguamente el Maestro hacía una insinuación al discípulo, o le señalaba un punto sobre el cual reflexionar y meditar, o le sugería la necesidad de algún cambio en el hábito de pensar. Entonces el discípulo se retiraba -a veces durante años o una vida entera-, cavilaba y reflexionaba, procurando cambiar su actitud sin sentirse presionado. Hoy, en esta época de mayor celeridad, en que la demanda de ayuda por parte de la humanidad es tan manifiesta, la explicación es reemplazada por la insinuación, y se le confía al discípulo información que antes se mantenía en reserva. Se considera que el discípulo ha llegado a una etapa de desenvolvimiento en que puede hacer sus propias decisiones y avanzar con más rapidez si lo decide.
dto.
La genealogía del hombre : la evolución del ser humano desde su origen hasta el actual grado de civi
Uno de los principales objetivos de la ciencia ha sido y sigue siendo el trazar lo que se llama Genealogía del Hombre, es decir, ordenar el gran número de hechos recogidos a fin de dibujar un completo árbol genealógico como representación del modo en que el hombre evolucionó desde la neblina de fuego hasta el actual grado de civilización.
Pero la gran dificultad con que tropieza esta Genealogía del Hombre, es que sólo se refiere a su naturaleza física. El cuerpo no es el hombre, sino que sólo es una vestidura, y mal conoceremos al ser humano si en su Genealogía prescindimos del Espíritu que lo inmortaliza y de la Mente que es un aspecto del Espíritu, cuya diferenciación en el mundo de la materia se manifiesta como Inteligencia.
He aquí pues la tares que nos aguarda con este libro, es decir el descubrir la verdadera Genealogía que comprenden todas las porciones de la naturaleza del hombre, y que nos ha sido revelada en la enseñanzas teosóficas de los antiguos Rishis y más tarde corroboradas y confirmadas en las Escrituras de las principales religiones del mundo.
dto.
Conferencias teológicas en América del Sur
«Don Mario Roso de Luna es un hombre vestido de azul, con una corbata nívea y en la solapa un botón radiado, de colores diversos. Roso de Luna tiene bigote negro, barba en punta y frente despejada.
La primera conferencia de este hombre, sobre esa cosa hermética y ardua que llama-mos teosofía, ha sido muy interesante. Habló Roso de Luna con acentos de convencido; pero no pretendió –por un solo instante– deslumbrar al auditorio conpárrafos de estruendo o con imágenes de gran vuelo lírico. Todo lo contrario. El afán mayor del conferenciante parecía el de acomodar sus ideas a la comprensibilidad de todo el auditorio. Y con sólo esto, yo estoy seguro de que los neó?tos salieron encan-tados de la conferencia, y los maestros, complacidos.
Desgraciadamente, es posible que Roso de Luna sea tan sólo lo que el vulgo llama, con cierta melancolía, un soñador.
Pero, sus palabras nos hicieron olvidar, por un instante, toda preocupación de momento, haciendo la vida, a la vez que dulce, grandiosamente heroica...
¿Y si Roso de Luna fuese algo más que un soñador en toda la acepción de la palabra? No olvidemos que este sabio, viajando por los espacios interplanetarios, conquista, para la ciencia positi-va, una estrella de verdad, que tiene luz y donde tal vez haya hombres, y un ansia constante de perfeccionamiento y reden-ción.»
dto.
