La gnosis egipcial original Vol. III
La gnosis egipcial original Vol. III
- EAN: 9788487055416
- ISBN: 9788487055416
- Editorial: Fundacion Rosacruz
- Año de la edición: 2003
- Encuadernación: Rústica
- Medidas: 160 X 230 mm.
- Páginas: 300
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Descripción
El bien, Asclepios, está exclusivamente en Dios.
La humanidad ha creado, por medio de su cultivado intelecto, un mundo que le sirve para satisfacer sus deseos y protegerse a sí misma.
Pero la realidad de vida que ha construido se basa en una idea del bien y del mal que se alimentan mutuamente. Como dice Hermes, el mal no demasiado grande equivale aquí al bien, y lo que aquí es juzgado como bueno es la parte más pequeña del mal.
Y el hombre que busca, que reflexiona en la multiplicidad de la vida presente, que se pregunta si aún es posible un cambio vital, si es posible elevarse por encima de la relatividad del bien y del mal, se esfuerza en buscar una luz que le guíe en la creciente confusión.
Jan van Rijckenborgh, en sus comentarios a La Gnosis Egipcia Original, tomo tercero, nos aporta con luminosa claridad su mensaje: el único Bien, el Bien Absoluto, solamente se encuentra en Dios. Pero no es fuera de sí mismo donde debe buscar este bien, sino en lo más profundo del ser del hombre. Pues, dice Hermes, la malignidad del alma es su ignorancia, su falta de Gnosis, de conocimiento divino... Por el contrario, la virtud del alma es la Gnosis, el conocimiento vivo de Dios. Quien posee este conocimiento es bueno.
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La publicación de este libro esta dedicada a Frater Aureolus, discípulo predilecto del Maestro Huiracocha, que con su dedicación y esfuerzo hizo posible la preservación y difusión de las enseñanzas aquí publicadas.
Nosotros, a quienes el destino ya reunió como «Aspirantes a Rosa-Cruz», destino que no tiene final, pues tal palabra no existe para los estudiantes de ocultismo, cerremos filas y unidos, congreguemos todos nuestros esfuerzos, no para despertar el Cristo que se encuentra en nuestros corazones, pues El esta siempre despierto, sino para romper los siete velos de Isis, que impiden que se nos manifieste. Desterremos a la serpiente de nuestros pechos, y aun con ellos sangrando, establezcamos la comunión con el Cristo, a fin de que sus fuerzas y sus influencias Divinas caigan sobre todos, para que florezcan rosas sobre nuestra cruz, y podamos por su fulgor ingresar a la Santa Fraternidad de los iniciados.
dto.
