La sabiduría de los cuentos de hadas
La sabiduría de los cuentos de hadas
- EAN: 9788489197787
- ISBN: 9788489197787
- Editorial: Editorial Rudolf Steiner, S.A.
- Año de la edición: 2003
- Encuadernación: Rústica
- Medidas: 170 X 190 mm.
- Páginas: 148
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Descripción
La sabiduría de los cuentos de hadas
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Yo en el camino hacia mí
Un diálogo con nuestra biografía. Fundamentos del coaching biográfico.
Una guía práctica para personas que desean dirigir de forma consciente su propio desarrollo personal y una herramienta esencial para profesionales del trabajo biográfico o que deseen integrarlo en su ámbito laboral.
Cada biografía es única y conlleva un proceso de desarrollo continuo. Quien observa conscientemente la historia de su propia vida descubre en ella conexiones ocultas, motivos recurrentes y posibilidades de desarrollo personal. Este libro nos invita a examinar conscientemente nuestra propia biografía y a reconocer las leyes que rigen su desarrollo. Las experiencias, las crisis y los puntos de inflexión no aparecen solo como acontecimientos aislados, sino como parte de un proceso vivo en el que nuestro Yo se desarrolla paso a paso. Partiendo de la concepción antroposófica del ser humano, la autora describe las leyes del desarrollo biográfico y amplía la perspectiva a través de las cualidades planetarias que actúan tanto en nuestra vida anímica como en nuestra historia vital.
dto.
La encarnación de Cristo en Jesús de Nazaret
De entre todos los Seres de los mundos superiores, sólo existió uno que debió, o también podemos decir que quiso pasar por la muerte: Cristo. Para realizarlo, debió descender a la Tierra. A fin de que un ser de los mundos superiores pudiera efectuar lo que fue necesario para la evolución de la tierra, Cristo, de un mundo en que no existe la muerte, debió descender al mundo en que la muerte existe.
¿Qué sucedió en realidad? De los mundos suprasensibles Cristo descendió al mundo en el cual El vive desde entonces, si bien como una fuerza oculta la que, sin embargo, a partir del siglo XX se revelará.
Si paso a paso muchísimos seres humanos encuentran el camino a la comprensión del impulso de Cristo, quizá aparecerá como el más profundo cristianismo, lo que en el presente muchos, que se imaginan ser representantes del cristianismo, rechazan como herejía.
Entonces este impulso obrará en la humanidad en la forma aceptable para todos, porque Cristo no apareció para una nación, sino que El es el Ser que puede penetrar en toda alma humana sin distinción de nación ni religión.
dto.
Nazarathos
«El mundo que hasta ahora conocíamos, se estremece. Los reyes y gobernantes de muchas ciudades no tienen suficiente con sus territorios, sus riquezas, sus posesiones. Su ambición está desbocada. Envían sus ejércitos a conquistar otras ciudades con el principal fin de saquearlas. Las personas mueren en gran número; muchas más son desplazadas y tratadas como esclavos. Los dioses a los que antaño suplicábamos ayuda, ya no responden. Solo los más fuertes sobrevivirán al gran cambio»
Transcurridas las 28 generaciones desde Abraham, solo faltaban 14 generaciones más para conseguir lo que Zarathustra había prometido a Ahura Mazda. Esta etapa comienza con la época del cautiverio en Babilonia del pueblo judío y en esa misma ciudad está el origen donde se desarrollaron los acontecimientos que condujeron al mayor acontecimiento de la historia. Este es tema del tercer libro de la saga.
«Para la tercera época Egipcio-Caldea, los Ángeles fueron los conductores independientes de los hombres. En el período anterior estos mismos Ángeles obedecían a seres más elevados, los Arcángeles. Pero durante el inicio del período greco la no debían dejar a los hombres abandonados a sí mismos, para intervenir más tarde en la evolución de la humanidad. Se «retrasaron» porque no reconocieron a Ahura Mazda, ni se sometieron a su dirección, por lo que siguieron actuando siendo fuerzas cuya labor era básicamente obstaculizadora. Estos seres son los que inspiran al hombre el pensamiento de que el mundo consiste en átomos. Zarathustra y más tarde Nazarathos, habían dirigido la atención de sus seguidores hacia el Sol (Ahura Mazda) donde residía el Magno Espíritu que debía descender a la Tierra, que ya había comenzado su camino a fin de intervenir directamente en la evolución terrestre».
dto.
