Maria Magdalena
Maria Magdalena
- EAN: 848801130
- ISBN: 848801130
- Editorial: Ediciones Dhanishtha
- Año de la edición: 1753
- Encuadernación:
- Medidas: 0 X 0 mm.
- Páginas: 0
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Enseñanzas del Maestro Kut Humi vol. II
La devoción permite un acercamiento focalizado y concentrado en la vida. Se tiene que demostrar devoción, no solamente hacia lo Divino, sino hacia cada acto de la vida. La devoción tiene la cualidad de la impregnación. Si el hombre aprende la devoción, esa devoción se extiende a su rutina diaria. Los devotos pueden experimentar los acontecimientos del día a día. Disfrutan del jugo de la vida mucho más que los otros. La vida es para experimentar, lo que incluye en sí el aprendizaje. Solo el aprendizaje permite cambios suaves para avanzar.
dto.
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Conferencias teológicas en América del Sur
«Don Mario Roso de Luna es un hombre vestido de azul, con una corbata nívea y en la solapa un botón radiado, de colores diversos. Roso de Luna tiene bigote negro, barba en punta y frente despejada.
La primera conferencia de este hombre, sobre esa cosa hermética y ardua que llama-mos teosofía, ha sido muy interesante. Habló Roso de Luna con acentos de convencido; pero no pretendió –por un solo instante– deslumbrar al auditorio conpárrafos de estruendo o con imágenes de gran vuelo lírico. Todo lo contrario. El afán mayor del conferenciante parecía el de acomodar sus ideas a la comprensibilidad de todo el auditorio. Y con sólo esto, yo estoy seguro de que los neó?tos salieron encan-tados de la conferencia, y los maestros, complacidos.
Desgraciadamente, es posible que Roso de Luna sea tan sólo lo que el vulgo llama, con cierta melancolía, un soñador.
Pero, sus palabras nos hicieron olvidar, por un instante, toda preocupación de momento, haciendo la vida, a la vez que dulce, grandiosamente heroica...
¿Y si Roso de Luna fuese algo más que un soñador en toda la acepción de la palabra? No olvidemos que este sabio, viajando por los espacios interplanetarios, conquista, para la ciencia positi-va, una estrella de verdad, que tiene luz y donde tal vez haya hombres, y un ansia constante de perfeccionamiento y reden-ción.»
dto.
Primitivas Enseñanzas de los Maestros
En 1881 ingresaron en la Sociedad Teosófica dos ingleses muy inteligentes que a la sazón residían en la India. Eran Alfred Percy Sinnet, director de The PIoneer, y Allen Octavian Hume, que desempeñaba un cargo muy elevado en el servicio del Gobierno Británico. En su obra El Mundo oculto el señor Sinnet explica cómo contrajo amistad con la señora H.P. Blavatsky. Leyendo las cartas de “H.P.B.” y el dietario del coronel Olcott correspondientes a dicho período se tendrá una clara idea de las relaciones entre ella y esos dos investigadores teosóficos.
La instrucción dada por algunos Maestros de Sabiduría a A.P. Sinnet y A.O. Hume llegó en forma de respuestas a preguntas que éstos formularon. Los investigadores anotaban por escrito las preguntas y después las entregaban o las remitían a H.P.B. quien unas veces con ellos y otras ausente, residían según su conveniencia en Allahabad, Simla o Bombay.
En las cartas originales recibidas de los Maestros se basó el señor Sinnet para escribir El Buddhismo Esotérico.
Cuando los señores Sinnet y Hume recibían las cartas, se enviaba copia de ellas, por orden del Maestro K.H. a H.P.B. y a Damodar Mavalankar. A veces se mandaban extractos a C.C. Massey, de Londres, y a otros.
Los más antiguos y fieles teósofos de los que se reunían con el señor Sinnet, adquirieron copias de dichas cartas, unas íntegras y otras extractadas. Una copia cayó en poder de C.W. Leadbeater y yo recuerdo haberla visto de niño.
En 1922 estuve en Australia y adquirí una copia del manuscrito de este libro del Obispo Leadbeater.
Me lo llevé a Adyar y ya estaba compuesto en la imprenta, cuando acerté a preguntarle a la señorita Francisca Arundale si tenía alguna copia de estas enseñanzas primitivas. En respuesta me entregó tres manuscritos que, con viva alegría por mi parte, vi que eran mucho más nutridos que el del obispo Leadbeater.
He transcrito todo cuanto consta en unos y otros, ordenando lo mejor que pude y tan coherentemente como me fue posible estas primitivas enseñanzas.
dto.
