Nuestro tiempo y su esperanza
Nuestro tiempo y su esperanza
- EAN: 9788470203268
- ISBN: 9788470203268
- Editorial: Sociedad de Educación Atenas, S.A.
- Encuadernación: Rústica
- Medidas: 130 X 210 mm.
- Páginas: 196
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Disponible 48/72 horas
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El credo cristiano : su origen y significado
He creído que podía ser de interés dar una somera explicación del significado real y del origen de esas notables fórmulas fundamentales de la Iglesia que se llaman los Credos, para que, cuando los oigan o tomen parte en su recitación, las ideas que les traigan a la mente sean las más grandes y más nobles, que son las originales y no las del materialismo que extravía, hijo del error moderno.
Mucho de lo que en esas fórmulas parece falso e incomprensible, se vuelve inmediatamente luminoso y muy significativo, cuando se comprenden con ese sentido interno que lo exalta desde la característica de un fragmento de biografía dudosa hasta la característica de una declaración de verdad eterna.
C. W. Leadbeater
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El soplo divino : de Galilea a la Camarga, una discípula del Cristo nos revela--
Más allá de su imagen clásica, forjada durante siglos, en realidad sabemos muy poco sobre los acontecimientos reales que llevaron a las tres primeras discípulas de Cristo, María Magdalena, Salomé y Jacobea a cruzar el Mediterránéo para irse a enseñar a las costas del sur de Francia. En esta obra, Marie Joanne Croteau nos permite acompañarlas durante su travesía, así como después, en los años que estuvieron transmitiendo esa onda de sanación crística en un pueblo de pescadores sencillos y de corazón abierto. De esta forma, la autora da respuesta a multitud de interrogantes y colma un vacío histórico. A través de este relato descubriremos el culto celta a Belisama, la diosa madre, y el misterio de Marta. Tamién veremos cómo poco a poco la palabra crística fue acogida en una tierra nueva.
dto.
Telología mística
Fray Gabriel López, ingresó en la Orden de los Mínimos poco antes del año 1600, de la que fue Vicario Provincial de Castilla, visitador de la provincia de Andalucía y profesor de teología en varias Universidades. Como es sabido, la Orden de los Mínimos, fundada por San Francisco de Paula a mediados del siglo XV, adoptó tal nombre por considerarse los últimos de todos los feligreses y basar su regla en la práctica de la humildad. Además de los votos de pobreza, castidad y obediencia, añadieron el llamado ?cuarto voto? que consiste en la abstinencia de carne y demás productos de origen animal. Las religiosas se integran en la Segunda Orden Mínima, y los seglares forman la Tercera Orden Mínima. Fray Gabriel, que se consideraba discípulo de Juan Falconi, publicó Teología Mística en 1641. Con esta obra se sumaba a la larga y prestigiosa nómina de autores que, partiendo de la obra escrita en el siglo VI por san pseudo Dionisio Areopagita, explican la vía que conduce de la meditación a la contemplación. La meditación basada en imaginaciones y pensamientos, se torna estéril cuando ?el alma gusta mucho de la paz interior y de la quietud y descanso de las potencias sin particular consideración de imágenes?. Es entonces cuando se abre el camino a la contemplación: Para esto, el alma debe estar en actitud pasiva para que Dios le dé su gracia, pues la semejanza divina, no la puede realizar el hombre por sí mismo, sino sólo recibirla del Espíritu Santo. En el primer grado o etapa, el hombre se conforma a la voluntad divina, anonadándose y reduciéndose a la nada, con indiferencia frente a todas las cosas (vida, muerte, oficio, estado, lugar...) y así, el alma va negándose en todo para seguir la voluntad divina. El segundo grado es la desapropiación de las cosas santas, renunciando a todo interés personal en ellas, y a los consuelos y gustos espirituales, quedando el alma retirada a su más profundo fondo. Finalmente en el tercer y último estado de oración contemplativa Dios suspende tanto lo activo como lo pasivo del alma, y ésta se deja despojar sin resistencia, renunciando a su voluntad y sujetándose en todo y por todo a la de Dios. Entonces se alcanza una unión perfecta con Dios, y una transformación con Él, la cual se llama deificación no mística, por vía de arrebatamiento.
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