El deber de ser feliz
El deber de ser feliz
- EAN: 9788493170813
- ISBN: 9788493170813
- Editorial: Asociación Prosveta Española
- Año de la edición: 2017
- Encuadernación: Rústica
- Medidas: 110 X 180 mm.
- Páginas: 62
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Disponible 48/72 horas
Descripción
El Maestro Omaraam Mikhaël Aïvanhov (1900-1986), filósofo y pedagogo francés de origen búlgaro, vino a Francia en 1937. Lo que más destaca de su obra, desde el principio, es la multiplicidad de los aspectos bajo los cuales es presentada esta única pregunta: el hombre y su perfeccionamiento. Sea cual sea el tema abordado, es tratado invariablemente en función del uso que el hombre puede hacer para una mejor comprensión de sí mismo y un mejor comportamiento en su vida.
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Un tema de meditación para cada día del año.
Cuando abrís los ojos por la mañana, ¿en qué pensáis? En los problemas de la víspera, en las dificultades que os esperan, en los problemas que deberéis resolver… No es una buena manera de empezar el día. Dejad vuestros problemas para más tarde, pueden esperar. Comenzad por volver vuestro pensamiento hacia el Cielo diciendo: "Señor, Te agradezco estar vivo hoy. He aquí un nuevo día en el que todavía puedo ver, oír, caminar, amar, estudiar… Fortifica mi voluntad para que todo lo que emprenda sea por el bien".
Aquél que desde que se levanta expresa su gratitud al Creador aumenta en él el amor y la luz y, este amor y esta luz, influencian cada momento de su jornada. Observa el mundo a su alrededor con otros ojos, tiene una mejor actitud hacia los que se encuentra y, ellos, se abren a él porque sienten que transmite paz y alegría.
Omraam Mikhaël Aïvanhov.
dto.
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Acuario I
" La Inteligencia Cósmica ha construido al hombre de forma que no pueda alcanzar su plena expansión si no mantiene el vínculo con su mundo superior, de donde recibe la luz y la fuerza. Es por ello que en tanto confíe únicamente en su limitado intelecto, carece de posibilidades de ver y de preverlo todo, produciéndose errores catastróficos en todos los sentidos. Los que sitúan su poder en la técnica, la industria, el progreso material, están condenados a perecer tarde o temprano. Porque sus obras, inspiradas sólo por el deseo de dominar al mundo sin tener en cuenta los designios de la Inteligencia Cósmica, remueven las capas de la atmósfera física y psíquica provocando fuerzas hostiles, potencias temibles que se desencadenan contra ellos. Pronto, la edad de Acuario producirá grandes trastornos que harán comprender a los que sobrevivan, que hay leyes que se deben respetar. La nueva vida que se está preparando está más allá de la imaginación por su belleza, su esplendor y su armonía. Porque todas las criaturas que están dispersas por el mundo y que trabajan en secreto buscando el Reino de Dios, se encontrarán para actuar, y las fortalezas de la ignorancia, del materialismo, del despotismo, se desplomarán. Os lo digo y ocurrirá como os lo digo: nada podrá impedir la llegada de la nueva época, de la Edad de Oro".
Omraam Mikhaël Aïvanhov
INDICE
I. La era de Acuario ( Leer capítulo )
II La llega de la Fraternidad
III La juventud y la revolución
IV Comunismo y capitalismo V La verdadera economía
VI El oro y la luz VII Aristocracia y democracia
VIII La política a la luz de la Ciencia iniciática
dto.
Naturaleza humana, naturaleza divina
Para justificar ciertas debilidades humanas se acostumbra a decir: "¡Es humano!" Y, en realidad, si reflexionamos, "ser humano" quiere decir sencillamente: "ser animal". ¿Cómo se puede, pues, definir a la naturaleza humana? El hombre es ese ser ambiguo que la evolución ha situado en las fronteras del mundo animal y del mundo divino. Su naturaleza es, pues, doble, y lo importante es tomar conciencia de esta ambivalencia para dominarla. Si en los textos sagrados está escrito: "Sois como dioses", es precisamente para recordar al hombre la presencia escondida dentro de sí, de una esencia superior que debe aprender a manifestar. Aquí está el verdadero sentido de nuestro destino, nos dice el Maestro Omraam Mikhaël Aïvanhov, y es por ello que nos habla constantemente sobre este tema, ofreciéndonos los medios para que podamos hacer resurgir esos dioses que en realidad somos y que aun no conocemos.
Indice de materias
1. ¿Naturaleza humana... o naturaleza animal? ( Leer capítulo )
2. La naturaleza inferior, reflejo invertido de la naturaleza superior
3. A la búsqueda de nuestra verdadera identidad
4. Cómo escapar a las limitaciones de la naturaleza inferior
5. El sol, símbolo de la naturaleza divina
6. Dominar la naturaleza inferior explotando sus recursos
7. Perfeccionarse es dar cada vez más oportunidades a la naturaleza superior para manifestarse
8. La voz de la naturaleza divina
9. El hombre sólo puede expandirse sirviendo a su naturaleza superior
10. Cómo favorecer en uno mismo y en los demás, las manifestaciones de la naturaleza superior
11. El regreso del hombre a Dios
dto.
Los dos árboles del paraíso
«Desde hace miles de años los humanos han intentado comprender el origen del mundo, así como la aparición del mal (y su consecuencia, el sufrimiento) en este mundo. A menudo lo han presentado en forma de mitos, por lo que en los libros sagrados de todas las religiones se encuentran relatos simbólicos que hay que saber interpretar. La tradición cristiana utiliza el relato de Moisés, en el Génesis, en el que se dice que en el sexto día de la Creación, Dios hizo al hombre y a la mujer y los puso en el jardín del Edén, entre todas las especies de animales y plantas. Moisés sólo nombra dos árboles de este jardín: el Árbol de la Vida y el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, del que Dios prohibió comer sus frutos a Adán y Eva...
«El Árbol de la Vida representa la unidad de la vida, en la que la polarización aún no se manifiesta, es decir donde no hay ni bien ni mal, una región por encima del bien y del mal. Mientras que el otro Árbol representa el mundo de la polarización, en el que es obligado conocer la alternancia de los días y de las noches, de la alegría y de la pena, etc... Estos dos árboles son pues regiones del universo, o bien estados de conciencia, y no simples vegetales. Y que Dios dijera a Adán y Eva que no comieran del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal significa que aún no debían penetrar en la región de la polarización... »
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Vivimos en una civilización que nos exige saber leer y escribir, pero estas dos actividades hay que saberlas ejercer también en otros planos.
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dto.
