Los caminos del corazón: el conocimiento espiritual en la "Filocalia"
Los caminos del corazón: el conocimiento espiritual en la "Filocalia"
- EAN: 9788429311488
- ISBN: 9788429311488
- Editorial: Editorial Sal Terrae
- Año de la edición: 1753
- Encuadernación: Rústica
- Medidas: 130 X 200 mm.
- Páginas: 192
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Descripción
'Nada nos pertenece. El hombre es sólo un eslabón en medio de la sucesión de generaciones innumerables. Cada hombre y cada generación tienen por tarea recibir la herencia de quienes les han precedido y transmitirla a quienes les suceden. Pero en este relevo se produce una transformación, que es la aportación específica, la huella de cada hombre y de cada generación que actúa en el presente. La herencia que nos ocupa aquí es la Filocalia de las Padres Vigilantes, llamada también la Gran Filocalia: un precioso legado en el que, en unas 2.500 páginas, se rocogen más de mil años de la experiencia espiritual de los monjes de la Iglesia de Oriente. Un mormullo, un impulso atraviesa esos mil años de oración, esos mil años de búsqueda: el deseo de contemplar la belleza de Dios oculta en la Creación y el deseo de contemplar esa Belleza que está por encima de toda creación. Una sed incontenible, una sed insaciable. Pero, al mismo tiempo, una sed serena, apacible, una sed humilde, que aprende a esperar, a alcanzar su meta sin violentar nada ni a nadie. Sed de ver a Dios... Visión que es conocimiento y amor a un mismo tiempo, ya que 'Dios es amor'. Y conocer ese Amor supone ir transformándose en él y dejarse transformar por él. Así se van los tres dilatando (el conocimiento, la visión y el amor), a medida que crece la humildad, esa disposición -limpieza y pureza del corazón- que permite ir acogiendo más y más a Dios'.
Javier Melloni Ribas (Barcelona, 1962) es licenciado en Antropología por la Universidad de Barcelona, y en Teología por el Centro Sévres de París, donde actualmente está ultimando su tesis doctoral. Es además miembro del 'Centre Cristianisme i Justícia' de Barcelona.
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Telología mística
Fray Gabriel López, ingresó en la Orden de los Mínimos poco antes del año 1600, de la que fue Vicario Provincial de Castilla, visitador de la provincia de Andalucía y profesor de teología en varias Universidades. Como es sabido, la Orden de los Mínimos, fundada por San Francisco de Paula a mediados del siglo XV, adoptó tal nombre por considerarse los últimos de todos los feligreses y basar su regla en la práctica de la humildad. Además de los votos de pobreza, castidad y obediencia, añadieron el llamado ?cuarto voto? que consiste en la abstinencia de carne y demás productos de origen animal. Las religiosas se integran en la Segunda Orden Mínima, y los seglares forman la Tercera Orden Mínima. Fray Gabriel, que se consideraba discípulo de Juan Falconi, publicó Teología Mística en 1641. Con esta obra se sumaba a la larga y prestigiosa nómina de autores que, partiendo de la obra escrita en el siglo VI por san pseudo Dionisio Areopagita, explican la vía que conduce de la meditación a la contemplación. La meditación basada en imaginaciones y pensamientos, se torna estéril cuando ?el alma gusta mucho de la paz interior y de la quietud y descanso de las potencias sin particular consideración de imágenes?. Es entonces cuando se abre el camino a la contemplación: Para esto, el alma debe estar en actitud pasiva para que Dios le dé su gracia, pues la semejanza divina, no la puede realizar el hombre por sí mismo, sino sólo recibirla del Espíritu Santo. En el primer grado o etapa, el hombre se conforma a la voluntad divina, anonadándose y reduciéndose a la nada, con indiferencia frente a todas las cosas (vida, muerte, oficio, estado, lugar...) y así, el alma va negándose en todo para seguir la voluntad divina. El segundo grado es la desapropiación de las cosas santas, renunciando a todo interés personal en ellas, y a los consuelos y gustos espirituales, quedando el alma retirada a su más profundo fondo. Finalmente en el tercer y último estado de oración contemplativa Dios suspende tanto lo activo como lo pasivo del alma, y ésta se deja despojar sin resistencia, renunciando a su voluntad y sujetándose en todo y por todo a la de Dios. Entonces se alcanza una unión perfecta con Dios, y una transformación con Él, la cual se llama deificación no mística, por vía de arrebatamiento.
dto.
