Los hijos de Mu
Los hijos de Mu
- EAN: 9788419473042
- ISBN: 9788419473042
- Editorial: Porcia Ediciones, S.L.
- Año de la edición: 2024
- Encuadernación: Rústica
- Medidas: 140 X 220 mm.
- Páginas: 302
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Disponible 48/72 horas
Descripción
Después de rastrear el continente de Mu por el globo terrestre, según narra en El continente perdido de Mu, Churchward sale ahora en busca de las huellas que dejaron los habitantes de Mu, ese gran continente perdido que fue la cuna de la civilización actual y el punto de origen terrenal de nuestro saber y nuestra cultura.
En su incansable búsqueda, nos descubre en este nuevo episodio las líneas de colonización partiendo de Mu hacia el este y hacia el oeste. Churchward se detuvo con admiración en el valle de México, que describe como el lugar de la Tierra con mayor atractivo y encanto. Su extensa andadura lo llevó a desentrañar el rastro de Mu también en Suramérica, en la Atlántida, en Europa, Asia y África.
El legado que nos deja este impresionante relato acerca del verdadero origen de la historia del mundo no te va a dejar indiferente. La pasión del autor por desvelar y revelar sus descubrimientos, sin contar con los avances tecnológicos que hoy día habrían hecho su labor tal vez menos difícil, consigue dar un vuelco a la historia escrita de la humanidad tal como la conocemos hoy día. Al mismo tiempo. brinda una comprensión más profunda de los componentes del ser humano y el papel que desempeñamos tras ese largo viaje desde Lemuria, la tierra madre de nuestra civilización.
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Muchas tribus indias norteamericanas veneraban al gran espíritu danzando alrededor del fuego o de un poste o tótem. El gran espíritu es el mismo que el dios viejo del fuego de Mesoamérica, alrededor de cuyo brasero da n zaban sobre la pirámide circular de Cuicuilco (México). Y este dios viejo del fuego es el mismo que el Señor de la dualidad en Mesoamérica: dios padre como manifestación masculina de la divinidad padre-madre (Ometeo tl). Diosas madres eran Tonantzin y Coatlicue en Mesoamérica, Mama Pacha y Mama Qucha en los Andes.El dios mesoamericano Quetzalcóatl (Kukulkán) y el andin o Viracocha manifestaron probablemente a dios hijo. En Mesoamérica, el autosacrificio de los dioses produce los astros: el sol, la luna, Venus y las estrellas. Desde hace más de mil años, Quetzalcóatl, sus seguidores y los naguales han sacrificado su cuerpo físico en el fuego interno, convirtiéndolo en cenizas y liberándose de él como final de un camino de recuperación de su divinidad.
¿Cómo sobr evivieron a esa muerte iniciática, resucitando en cuerpo luminoso? Quetzalcóatl dijo al volver: ‘Mi madre divina, la del manto de estrellas, me infundió un nuevo aliento, un aliento inmortal’.
Juan de San G rial recuerda que ‘En los iconos la reina celestial suele ataviarse con una ca pa azul oscura salpicada de estrellas , como regente del mundo estelar’ (ejemplos son la Virgen de Guadalupe y el cuerpo de la diosa egipcia Nut). Ella le reveló sobre Cristo lo mismo que dijo Quetzalcóatl:‘El Hijo divino revivió en mis brazos’, y puede volver a hacerlo dentro de nosotros: ‘Que resuc ite el Señor en mí por tu gracia’. En México, el nagual indio don Juan dijo que la verdadera Madre Divina es Poder, y la naguala María Elena reveló desde una dimensión superior: ‘Ella me llevó ami actual libertad espiritual’.
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