Diccionario de Alquimia
Diccionario de Alquimia
- EAN: 9788488865656
- ISBN: 9788488865656
- Editorial: MRA Creación y Realización Editorial, S.L.
- Año de la edición: 1753
- Encuadernación: Cartoné
- Medidas: 160 X 220 mm.
- Páginas: 272
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Descripción
Es, sin duda, una herramienta valiosa, no solo para el amante o estudioso de este arte, sino para el historiador, el filólogo, el médico, el psicólogo y para cualquier mente profana y curiosa.
Otros libros de Alquímia
El misterio de las catedrales
La presente traducción de este clásico de la alquimia respeta el significado alquímico del texto original. La versión anterior, realizada en la década de los sesenta, respetó la letra con un estilo equivalente al original pero mató el espíritu que la vivifica; y si el asunto que trata ya es de por sí complicado, obviando las sutilezas alquímicas todo se vuelve oscuro, cuando realmente se trata de iluminar al lector. En esta traducción el mensaje alquímico está indemne, su estilo respetado, la puntuación mejorada para una más fácil lectura, hemos tratado de dar coherencia a las mayúsculas/minúsculas antedichas y las láminas están bien numeradas.
Durante su preparación, dudamos si debiéramos comentar el texto siguiendo el estilo de la excelente edición en italiano, pero a la postre decidimos no hacerlo. El libro exige sucesivas lecturas para su comprensión, que a veces tuviera uno la impresión de ser insondable; una clarificación excesiva de su contenido pervertiría el Camino que el lector haya de trazarse. El frondoso bosque debe desbrozarse poco a poco y las notas explicativas pueden llegar a desorientar y hacer farragosa la lectura. Las claves para su comprensión están dadas en este prólogo; reléalo pausadamente. Le gustará saber que la simbología alquímica esta explicada con generosidad en los libros de C.G. Jung, Fred Gettings y Raimon Arola, autores que recomendamos vivamente.
El respeto por este libro nos ha llevado a limitarnos a señalar algunas palabras o frases en cuya traducción se perdía insoslayablemente algún mensaje. Los nombres de los autores no los hemos españolizado: nos pareció inapropiado hablar de Basilio Valentín, Filaleteo o el Cosmopolita, siendo autores cuyas obras, a día de hoy, no están traducidas a nuestra lengua como es debido. La labor ha sido más dura de lo estimado inicialmente, y nuestra única motivación ha sido el facilitar la comprensión a quienes lleguen a este libro -los derechos están cedidos plenamente al Editor, cuyas motivaciones sabemos que son las mismas que las nuestras y su entusiasmo vivificante-, el número de los cuales esperamos aumente poco a poco, pues sería una buena señal de la evolución espiritual de nuestro mundo, que a veces diera la impresión de que sufre una involución. Si bien, el esfuerzo lo habríamos hecho igualmente por tan solo un buscador honesto que lo aprecie, que quizás sea Vd.
dto.
Rasgando los velos del alma
La idea que subyace en el proceso de la transmutación alquímica es básicamente la muerte de una sustancia determinada y su resurrección o renacimiento como otra sustancia distinta, más perfecta, y más noble. Cuando los alquimistas se referían a este proceso lo hacían aludiendo a sustancias metálicas, las cuales, al estar referidas a sus cualidades sóficas estaban mencionando a las cualidades del alma, cualidades que se expresan en el carácter del hombre.
El hombre puede compararse a un metal con muchas impurezas, susceptible de ser transformado en oro por efecto de la Piedra Filosofal, la cual he manifestado de forma explícita que está formada fundamentalmente de mercurio. El cuerpo físico humano, entendiendo éste no sólo como la carne y los huesos, sino también como el conjunto de instintos, deseos e impulsos que provienen de lo inconsciente, debe ser tocado por esa Piedra, para lo cual debe permitir que el mercurio lo permee completamente. Esta operación lleva al metal, en este caso al hombre, a su sustancia original, a su estado original, sin las adherencias que se le han ido acumulando durante el transcurso de la vida, y puede que incluso desde antes.
En este momento del proceso, la alquimia nos dice que el oro está cerca, sólo hacen falta semillas de oro , las cuales, añadidas a esa sustancia original, la irán convirtiendo en oro, como si de un proceso de fermentación se tratara. El hombre sale del sueño profundo al que ha estado sometido y comienza su despertar.
Ese despertar conlleva más alma, ser más consciente de ella, pues desde el punto de vista del alquimista, el opus es el sendero de la forja del alma, principal protagonista del viaje arquetípico que el opus alquímico nos propone.
dto.
Nicolas Flamel
Si bien los historiadores no se ponen de acuerdo ni sobre el lugar ni la fecha del nacimiento de Nicolas Flamel, esta última, según Louis Figuier, «no debe alejarse mucho del año 1330», en Pontoise (Francia). Gracias a una documentación relativamente abundante, podemos saber que Flamel ocupó un lugar relevante en la sociedad parisina de su época y que gozó de una discreta fortuna que le permitió hacer numerosas obras de caridad, construir varias casas y realizar sustanciosas donaciones. Su hermano Jean fue el secretario personal del duque de Berry. Flamel ha pasado a la historia como el prototipo del alquimista y su obra El libro de las figuras jeroglíficas es uno de los tratados de alquimia más conocidos en el mundo. Mencionado en clásicos como Nuestra Señora de París (Victor Hugo), El péndulo de Foucault (Umberto Eco) o El Secreto egipcio de Napoleón (Javier Sierra), el interés por este personaje ha revivido al aparecer en el primer libro de la serie de Harry Potter, Harry Potter y la piedra filosofal.
dto.
