La Atlántida, evolución planetaria y origen del hombre
La Atlántida, evolución planetaria y origen del hombre
- EAN: 9788495311573
- ISBN: 9788495311573
- Editorial: Ediciones Mestas
- Año de la edición: 2011
- Encuadernación: Rústica
- Medidas: 120 X 190 mm.
- Páginas: 128
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Descripción
La evolución del hombre desde que existía como embrión en el sol primitivo que se extendía hasta Júpiter. Su evolución en la tierra-luna donde sólo tenía un cuerpo etérico y un cuerpo astral. El hombre de la Era Primaria, del que a la manera de cabeza salía una panocha fosforescente, gran flor luminosa que le servía de órgano de percepción y reproducción; la aparición embriagadora de la sexualidad, el placer de crear a
dos y el desorden que le siguió; destrucción de Lemuria por el fuego, los lemures llegan a la Atlántida…El “Combate en el cielo”, los dioses y los titanes, o San Miguel Arcángel y Satán. La Atlántida primitiva: comunión con la naturaleza y videncia espontánea. Los reyes iniciados, el imperio de los toltecas. La
explosión del yo: decadencia y magia negra. Cataclismo y diluvio.
La presente edición incluye los textos de Platón sobre la Atlántida y los de Hesíodo sobre el MITO DE PANDORA y sobre el COMBATE DE LOS TITANES Y LOS DIOSES.
Conozca la verdadera evolución humana desde sus principios y los motivos de la misma
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dto.
Es un buen día para morir. El guerrero indio
Selección Y Prólogo de Esteve Serra
La vida del guerrero piel roja era como un
juego que perseguía el desarrollo de las
cualidades viriles y, al mismo tiempo, como
en los caballeros medievales, una vía espiritual.
Caballo Loco, Toro Sentado, Gerónimo..., nombres de guerreros famosos que por sí solos evocan las épicas luchas de la «Conquista del Oeste». La imagen habitual de simple salvajismo del guerrero indio se ve desmentida por el testimonio de cuantos lo conocieron real-mente, y por sus propias palabras. El guerrero era, junto con el hombre santo, el producto supremo de la civilización india: su prototipo encierra un cúmulo de virtudes que hacen de él una figura admirable. Y es que para ser un buen guerrero tal como lo entendían los indios, no bastaba tener un valor extraordinario; había que ser, también, generoso, desprendido, austero, noble: en definitiva, un auténtico caballero. Y así es cómo sus propios enemigos describieron muchas veces a los luchadores indios: verdaderos caballeros para los que la guerra era al mismo tiempo un juego que servía para fomentar las cualidades viriles y una institución sagrada, un modo de vida y un «camino de perfección».
Tal vez la imagen más conocida del indio norteamericano es la del guerrero montado a caballo con su penacho de plumas, su arco y sus flechas, que tanto han popularizado el cine y la literatura. Nombres legendarios como Toro Sentado, Caballo Loco, Gerónimo, y tantos otros, han pasado a formar parte del imaginario colectivo del hombre del siglo XX. En esas presentaciones populares del guerrero indio, suele dar-se de éste la idea de un salvaje sanguinario que nada respeta. Esta idea es completamente falsa. Las guerras de los indios contra el invasor blanco fueron duras por-que eran una lucha desesperada por salvar su tierra y su modo de vida, que para ellos eran sagrados. Pero la guerra, para el indio, es igualmente una institución sa-grada, y en cierto modo también como una especie de juego, cuyo fin es el desarrollo de las cualidades viriles en los hombres y el mantenimiento de un nivel altísimo de autoexigencia personal que daba como resulta-do las magníficas personalidades de los grandes guerreros. La guerra no perseguía la conquista territorial
dto.
Ecos de la Atlántida
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dto.
