Días de prisión
Días de prisión
- EAN: 9788493614287
- ISBN: 9788493614287
- Editorial: Fundacion Centro Sri Aurobindo
- Año de la edición: 2014
- Encuadernación: Rústica
- Medidas: 150 X 210 mm.
- Páginas: 140
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Descripción
Esta edición ha sido posible gracias a la financiación de Prashant y, como siempre, gracias a las inestimables traducciones de José María Martín.
Días de Prisión es uno de los libros más importantes escritos por Sri Aurobindo. Bajo forma de relato, él mismo narra como transcurrió la vida en la prisión de Alipore durante el año que permaneció allí encerrado hasta el día del juicio en que fue absuelto y su inmediata decisión de partir a Pondicherry siguiendo un adesh divino (una orden divina). Sri Aurobindo iba entonces a involucrarse en otra revolución –una revolución espiritual– cuyo desafío no era ya solamente el destino de la India, sino el futuro de la tierra.
Cuando me aproximé a Él por primera vez, yo no estaba enteramente inmerso en el espíritu del bhakta, ni tampoco en el del jnani. Me acerqué a Él hace mucho tiempo, en Baroda, algunos años antes de que comenzase el Svadeshi, antes de que me hubiese introducido en la vida pública. En esta época, apenas tenía una fe viva en Él. Había en mí un agnóstico, unateo y un escéptico, y no estaba absolutamente seguro de que existiera un Dios en todo lo que existe. Yo no sentía Su presencia. Sin embargo algo me atraía hacia las verdades de los Vedas, de la Gita, de la religión hindú. Sentía que debía existir una verdad poderosa en alguna parte de este Yoga, y una verdad poderosa en esta religión basada en el vedanta. Así pues, cuandoabordé el Yoga y resolví practicarlo con el fin de comprobar si mi idea estaba en lo cierto, lo hice en este estado de ánimo y Le dirigí esta plegaria. «Si Tú existes, entonces conoces mi corazón. Tú sabes que yo no pido la mukti (liberación), no pido nada de lo que Te puedan pedir otros; pido solamente fuerza para elevar esta nación; pido solamente que se me conceda la gracia de vivir y de trabajar para este pueblo que amo, y ruego que se me permita consagrarle mi vida». Durante largo tiempo me esforcé por lograr larealización del Yoga y al menos en alguna medida la conseguí, pero no me quedé satisfecho en cuanto al plano en el que yo estaba más empeñado. Entonces, durante mi reclusión en la cárcel, en la soledad de mi celda imploré de nuevo al Señor. Dije: «Dame a conocer Tu adesh (mandato divino). No sé qué trabajo debo hacer ni cómo llevarlo a cabo. Hazme conocer Tu voluntad»2. Entonces, en la comunión del Yoga percibí dos mensajes.
El primero decía: «Te he dado una obra que cumplir, y es ayudar a que esta nación se eleve. Pronto llegará el momento en el que serás liberado, porque, esta vez, no es Mi voluntad que tú seas condenado, o que tengas quepasar el tiempo sufriendo por tu país, como tantos otros. Tú reclamabas un adesh; helo aquí: Ve a realizar mi obra; esto es lo que he oído para ti».
El segundo mensaje que recibí fue este: «Algo te ha sido mostrado en este año de reclusión, algo acerca de lo cual tenías tus dudas, y este algo es la verdad de la religión hindú. Es esta religión la que Yo he reavivado y que ahora ofrezco al mundo, y es ésta la que Yo he desarrollado y perfeccionado a través de los rishis, santos y avatares, y que ahora comienza a propagarse entre las naciones a fin de llevar a cabo mi obra. Estoy haciendo resurgir esta nación para que difunda mi palabra. Ésta es el sanatan dharma, laeterna religión de la que tú no tenías antes un conocimiento real, y que te he revelado ahora. El agnóstico y el escéptico en ti han recibido su respuesta, porque te he dado pruebas, dentro y fuera de ti, físicas y subjetivas, que te han convencido. Cuando te lances a la acción, habla a tu nación, recuérdalesiempre esta palabra: que si ella se yergue actualmente, es para el sanatan dharma, para el mundo y no para ella misma. Esta libertad que le doy es para el servicio del mundo
"Yo sabía, a lo largo de todo el proceso, lo que Dios significaba para mí, porque le oía una y otra vez, siempre atento a esta voz interior: «Te estoy guiando; así pues, no temas», me decía. «Conságrate al trabajo para el que te he traído a esta prisión y cuando salgas, ten presente esto: no tengas miedo jamás, ni dudes jamás. Acuérdate de que soy Yo quien está haciendo esto, no tú, ni ningún otro. Por lo tanto, cualesquiera que sean las nubes que puedan llegar, cualesquiera que sean los peligros y sufrimientos, cualesquiera dificultades, cualesquiera imposibilidades, no hay, de hecho, nada imposible ni difícil. Yo estoy presente en la nación y en su renacer, y Yo soy Vasudeva, Yo soy Narayana, y es Mi voluntad la que se ejecutará, no la de otros. Lo que Yo deseo hacer, ningún poder humano puede evitarlo».
Durante su encierro aprendió a conocer a fondo el alma de los indios y de la madre India y su particular misión en el mundo. A lo largo de su estancia en prisión, el contacto con los guardianes, indios o ingleses, prisioneros de todas clasessociales, intelectuales o delincuentes, jueces y abogados que iban cambiando durante todo el proceso, le iban enseñando como Dios estaba en todo. En prisión descubrió que el alma milenaria de los indios les permitía disfrutar del precioso legado de su libertad interior, donde el miedo no existía, incluso en medio de las dificultades más extremas, descubrió las risas y la atmósfera pacífica y risueña de personas que, condenadas a muerte, eran capaces de jugar, cantar y disfrutar de lecturas espirituales como el Gita, los Upanishads o los Puranas. Nos habla también largamente de las cualidades que debe tener el alma aria.
“Esta alegría espontánea, esta forma de sabiduría, son la marca del sattwa, y sólo ellos tienen la capacidad de iniciar el yoga, ya que no se dejan dominar por el sufrimiento y permanecen alegres y llenos de buen humor en todas las situaciones." "Pero el hindú, como tal, condenado a la soledad y sumergido en las circunstancias más penosas, se dirige irresistiblemente hacia Dios, arrastrado por la eterna atracción que le lleva hacia Él. Así fue para nosotros. ¿De dónde procedía esa ola que nos envolvía a todos? Nadie sabría decirlo. Algunos, que jamás habían invocado a Dios, se involucraron en una disciplina espiritual y, asentándose sobre ellos la gracia del Todo-Compasivo, se mantuvieron sumergidos en la beatitud. En tres o cuatro meses estos jóvenes realizaron lo que un yogui no logra tras largos años depráctica." "Las olas sáttwicas barrían el banco de los acusados y, salvo cuatro o cinco, todos nos sentíamos inundados de una gran alegría, una alegría tal que cualquiera que la haya saboreado no puede ya ni olvidarla ni compararla con ninguna. En verdad, la esperanza del país, la esperanza de su futuro, reposa sobre la plenitud de sus cualidades sáttwicas. La soltura con la que el espíritu de fraternidad y el amor de Dios se apoderan del corazón del hindú y se expresan en sus actos, y la habilidad con la cual alcanza él mismo el conocimiento de sí, no se encuentran en tal grado en ningún otro pueblo."
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Swami Abhedananda
SWAMI ABHEDANANDA estudió durante su niñez, sánscrito y filosofía y antes de su mayoría de edad, sintió una gran inspiración interior por aprender yoga, la cual le llevó al centro Sri Ramakrishna Paramahamsadev en Dakshineswar. Allí, Sri Ramakrishna reconoció que fuera un gran yogui en su vida anterior y dijo que éste sería su último nacimiento, accedió a enseñarle yoga y le inició con un mantram. Este toque místico del Gurú de inmediato lo llevó a un profundo Samadhi.
Después de la muerte de su Maestro, se convirtió en un monje renunciante y tomó el nombre de “Abhedananda”. Viajó descalzo durante diez años desde el Himalaya hasta Rameswaram, dependiendo totalmente de las limosnas y de los alimentos que le ofrecían, sin tocar el dinero. Llevaba como ropa sólo un taparrabos en su cintura y siempre dependía por completo de los demás, caminando de 20 a 25 millas cada día.
En 1896 recibió la llamada de Swami Vivekananda para que le ayudase en su tarea de dar a conocer el Vedanta en Inglaterra y se embarcó hacia Londres en agosto de 1896. En Inglaterra, conoció a los profesores Max Müller y Paul Deussen, y también a los filósofos de renombre de la época. A petición de Swami Vivekananda, Swami Abhedananda viajó a EE.UU., a la edad de 31 años, para hacerse cargo de la Sociedad Vedanta de la ciudad de Nueva York, donde dio noventa conferencias públicas en seis meses y donde conoció al famoso filósofo norteamericano William James.
Durante sus 25 años de ministerio espiritual en Occidente cruzó el Pacífico diecisiete veces, hasta que finalmente volvió a la India en noviembre de 1921. Visitó Honolulu, Japón, Shangai, Hong Kong, Cantón, Manila, Singapur, Kuala Lumpur y Malasia.
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Heráclito
...«Heráclito explica el cosmos como una evolución y una involución fuera del Fuego, -su principio eterno y único al mismo tiempo fuerza y sustancia únicas- que él expresa en su lenguaje figurado como «el camino que sube y que desciende». «El camino que sube y que desciende», dice, «es uno y el mismo». Del Fuego, principio radiante y productor de energía, proceden el aire, el agua y la tierra -tal es el desarrollo de la energía en el camino descendente; y en la tensión misma de este proceso existe asimismo una fuerza potencial de retorno que hace volver las cosas a su fuente en el sentido inverso. En el equilibrio de estas dos fuerzas, ascendente y descendente radica la totalidad de la acción cósmica; todo es un equilibrio de fuerzas opuestas. El movimiento de la vida es como el movimiento de retroceso del arco, al que Heráclito lo compara, una energía de tracción y de tensión que retiene una energía de liberación, estando cada fuerza de acción compensada por una fuerza correspondiente de reacción. Por la resistencia de una a la otra son creadas todas las armonías de la existencia.
En la teoría hindú del Sankhya tenemos la misma idea: la evolución de estados sucesivos de energía provenientes de una misma sustancia-fuerza primera. En el Sankhya, en verdad, el sistema propuesto es más completo y satisfactorio. Comienza con la energía original, la energía-raíz, múla prakriti, que, como sustancia primera, pradhána, evoluciona desarrollándose y cambiando, en cinco principios sucesivos. Es el éter, ignorado por los griegos pero redescubierto por la ciencia moderna, y no el fuego, lo que es el primer principio; a continuación viene el aire, el fuego, -energía ígnea, radiante y eléctrica-, el agua, la tierra, lo fluido y lo sólido...
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